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12 agosto 2026. El eclipse. Mi eclipse

Eclipse solar del 12 de agosto de 2026 sobre un paisaje montañoso

Todo el país revolucionado con el eclipse; en realidad, el mundo entero, pero en España más porque sucedería en casa.

Hablaros de esto es mostraros un poco de mi esfera personal, muy poco, al menos por esta vez. Mi amiga Merce me definió una vez como una persona «reservada, no tímida, reservada». Me identifico con ello.

El caso es que esa semana me había tomado unos días libres y pensé que ver el eclipse desde «la franja» donde se vería al 100 % sería una buena excusa para viajar a una ciudad distinta de la mía. Había muchas opciones de lugares a los que ir.

Estaba conversando con alguien en un parque, con las emociones un poco revueltas. Recibió una llamada y se alejó un poco para darle más privacidad a su conversación y, de pronto, supe dónde quería ir.

Llamé al hotel en el que seis años antes había estado por última vez. Entonces era febrero, no agosto, como ahora. Febrero de 2020, cuando no sabíamos que un par de semanas o tres después «cerrarían» el país por la pandemia que todos conocemos.

Fue un viaje, el de entonces, que unos meses después adquirió una dimensión y una carga emocional muy potente.

Supe que quería volver y ver desde allí el eclipse, en ese entorno natural que te conecta contigo, con tus emociones y tus recuerdos; en ese cielo abierto que te lleva a disfrutar de la belleza de lo simple y lo grandioso al mismo tiempo.

Llegar a ese hotel, el mismo hotel de hacía seis años, causó un impacto en mí que hizo que mis lágrimas brotaran sin darme apenas cuenta y que mi respiración se agitara un poco.

Esa primera noche cené la sopa castellana de su carta. Tenía que ser así.

Mismo lugar, misma cena, otras emociones. Un mismo espacio creando recuerdos nuevos que se suman a los viejos.

Todo igual y tan distinto.

El eclipse era la tarde siguiente. El ayuntamiento del pueblo había dispuesto y señalizado el mejor punto para verlo, un lugar donde el horizonte estuviera limpio de obstáculos visuales. Ese lugar estaba en las afueras, adonde podías llegar dando un agradable paseo. Eso fue lo que hice: caminar hasta allí, sentarme en el suelo y esperar.

Esperar con una serenidad salpicada de humor, de conexión, de vínculo y con la conversación y las emociones de las personas que, como yo, estaban allí para disfrutar del espectáculo que el sol y la luna habían acordado regalarnos a todos esa tarde.

Y llegó la magia. Y fue precioso. Y me sentí feliz de estar allí y poder verlo y compartirlo, de cerca y de lejos, con personas que son clave para mí.

Me siento agradecida y contenta de haber ido hasta allí, contenta de sentir y sumar emociones y recuerdos.

P. D.: Si una mariposa revolotea junto a ti, siéntete afortunado de su compañía.

 

Sandra es detective desde el año 2000 y observadora nata desde mucho antes.
Se fija en los detalles y disfruta con la reflexión y el análisis emocional, herramientas muy útiles para su especialidad, los contactos encubiertos.
Le gusta el trato personal y la escucha activa y pone el foco en aprender de las personas con las que se relaciona y de las circunstancias que vive cada día.

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