Las criptomonedas han cambiado la forma de mover dinero, invertir… y también de delinquir. Lo que hace apenas unos años parecía un terreno reservado a expertos tecnológicos, hoy se ha convertido en uno de los escenarios más complejos para investigadores, abogados y cuerpos de seguridad.
Con motivo de la publicación de La pena de la estafa cripto, hablamos con Javier Fadón Martínez sobre cómo la blockchain ha transformado el mundo de la investigación privada y por qué el crimen organizado digital se ha profesionalizado a una velocidad vertiginosa.
Durante la conversación, Fadón deja clara una idea: el detective moderno ya no solo trabaja sobre el terreno físico, sino también en entornos digitales donde wallets, exchanges, mixers y estructuras internacionales forman parte del día a día de una investigación. El perfil tradicional del investigador ha evolucionado hacia una figura híbrida, capaz de combinar inteligencia financiera, análisis tecnológico y estrategia jurídica.
El autor también alerta sobre el crecimiento de las estafas relacionadas con criptomonedas y el enorme componente psicológico que existe detrás de muchas de ellas. Según explica, gran parte de estas organizaciones criminales funcionan como auténticas empresas internacionales, utilizando ingeniería social, protocolos financieros complejos y estructuras descentralizadas para dificultar el rastreo de activos digitales.
Uno de los aspectos más interesantes de la entrevista es la reflexión sobre el falso anonimato en blockchain. “La blockchain deja rastro. El dinero digital también habla”, afirma Fadón, defendiendo que una investigación bien ejecutada puede marcar la diferencia incluso en operaciones internacionales altamente sofisticadas.
En un contexto donde la ciberdelincuencia evoluciona más rápido que muchas estructuras tradicionales, el autor considera que España todavía tiene retos importantes en formación operativa y recursos técnicos, aunque destaca el potencial de los profesionales especializados para posicionarse como referencia europea en la lucha contra el fraude cripto.
Con esta entrevista, desde Ser Detective queremos acercar a nuestros lectores una realidad cada vez más presente: el investigador del siglo XXI también trabaja entre transacciones digitales, inteligencia OSINT y rastros invisibles en blockchain. Porque detrás de cada wallet vaciada, como recuerda Javier Fadón, siempre hay una víctima real.

Entrevista
¿Cómo ha cambiado el perfil del investigador privado con la aparición de delitos vinculados a blockchain, wallets y activos digitales?
El investigador privado tradicional ha tenido que evolucionar hacia un perfil híbrido: jurídico, tecnológico y financiero. Hoy ya no basta con vigilar o documentar hechos; ahora debemos entender cómo funciona una blockchain, interpretar movimientos entre wallets, analizar exchanges, rastrear mixers y comprender estructuras internacionales de blanqueo digital.
La ciberdelincuencia vinculada a criptoactivos ha transformado completamente el tablero. El detective moderno necesita conocimientos en OSINT, análisis blockchain, trazabilidad de activos digitales y preservación de evidencia electrónica. En muchos casos, el criminal ya no opera desde una oficina física, sino desde un portátil, utilizando identidades falsas y estructuras descentralizadas.
La tecnología ha sofisticado el delito, pero también ha profesionalizado la investigación. Y ahí nace el nuevo perfil del Detective Cripto: un especialista capaz de conectar tecnología, inteligencia financiera y estrategia investigativa para localizar activos digitales y aportar pruebas válidas ante los tribunales.
¿Crees que España está preparada jurídica y operativamente para combatir la criminalidad organizada relacionada con criptoactivos?
España ha avanzado mucho en materia regulatoria y de supervisión, especialmente tras la llegada de normativas europeas como MiCA y el refuerzo de controles sobre exchanges y prevención de blanqueo. Sin embargo, la velocidad a la que evoluciona el ecosistema cripto sigue siendo superior a la capacidad operativa de muchas estructuras tradicionales.
El principal desafío no es solo jurídico, sino técnico y estratégico. Las organizaciones criminales utilizan herramientas globales, wallets descentralizadas, plataformas offshore y estructuras de anonimización que operan sin fronteras. Combatir eso exige unidades altamente especializadas, cooperación internacional inmediata y profesionales con formación real en blockchain.
El problema no es que la blockchain sea anónima; el problema es que muchos delincuentes creen que lo es. Y ahí es donde una investigación bien ejecutada marca la diferencia.
Todavía queda camino por recorrer, especialmente en formación operativa y recursos técnicos, pero España tiene talento profesional y capacidad jurídica suficiente para posicionarse como un referente europeo en la lucha contra el fraude cripto.
Después de escribir La pena de la estafa cripto, ¿qué mensaje principal te gustaría que entendiera cualquier persona que invierte o trabaja con criptomonedas?
Que en el mundo cripto la tecnología no sustituye a la prudencia.
Las criptomonedas son una herramienta extraordinaria, con un enorme potencial financiero y tecnológico, pero también se han convertido en el entorno perfecto para nuevas formas de manipulación, fraude y crimen organizado digital.
Con La pena de la estafa cripto quería trasladar una idea muy clara: detrás de cada wallet vaciada hay una víctima real. Personas que pierden ahorros, empresas que pierden liquidez y familias que quedan completamente desprotegidas por confiar sin verificar.
La blockchain deja rastro. El dinero digital también habla. Pero la prevención sigue siendo la mejor defensa.
Invertir en criptoactivos exige formación, pensamiento crítico y verificación constante. Si una oportunidad parece demasiado perfecta, normalmente ya forma parte del problema.

Como detective privado, ¿qué fue lo que más te sorprendió cuando comenzaste a investigar delitos relacionados con criptomonedas y ciberdelincuencia?
Lo que más me sorprendió fue el nivel de sofisticación psicológica de las estafas. Mucha gente imagina al ciberdelincuente como un hacker encerrado en una habitación oscura, pero en realidad muchos de estos grupos funcionan como auténticas empresas criminales internacionales: departamentos comerciales, atención a víctimas, ingeniería social y protocolos financieros perfectamente estructurados.
También me impactó descubrir la cantidad de víctimas que no denuncian por vergüenza o miedo. Ahí existe una cifra negra enorme.
Y, técnicamente, entendí muy rápido que la blockchain no elimina la investigación tradicional: la multiplica. Porque detrás de cada transacción siempre hay una conducta humana, un patrón, una conexión o un error operativo que termina dejando huella.
Aquí es donde entra Selva Orejón y su equipo.
Las investigaciones sobre criptoactivos suelen mezclar tecnología, anonimato y crimen organizado. ¿Cuál ha sido el mayor reto profesional al que te has enfrentado en una investigación de este tipo?
El mayor reto ha sido coordinar información fragmentada a nivel internacional en tiempo real. En una investigación cripto intervienen jurisdicciones distintas, exchanges en varios países, wallets interconectadas y estructuras criminales que mueven activos en segundos.
Muchas veces no se trata solo de rastrear dinero, sino de transformar datos técnicos complejos en pruebas comprensibles y útiles para abogados, jueces y víctimas.
Otro gran reto es la velocidad. En el ecosistema digital, los delincuentes operan con una ventaja temporal enorme. Si una reacción tarda días, el dinero puede haber pasado ya por decenas de wallets, mixers o plataformas descentralizadas.
Por eso, el futuro de la investigación privada pasa por combinar inteligencia financiera, tecnología blockchain y capacidad operativa inmediata. Hoy, quien llega primero a la información tiene media investigación resuelta.





Ser detective profesional puede ser una profesion interesante y bien remunerada, o se valora por la fama del mismo detective
Gracias por tu comentario. La investigación privada puede ser una profesión muy interesante, pero su valor no debería medirse solo por la fama de un detective, sino por su preparación, experiencia, ética y especialización. En el caso de Javier Fadón, nos parecía interesante acercarnos precisamente a esa trayectoria profesional y a su especialización en un ámbito tan actual como las criptomonedas.