Hace unos días publicamos el episodio 0 de Ser Detective.
Si lo analizamos con ojo crítico, encontraremos muchas cosas mejorables. No tenemos el mejor estudio de grabación. No contamos con las cámaras más modernas. Nuestros micrófonos no son los que utilizan los grandes podcasts. Tampoco tenemos una realización profesional detrás de cada plano.
Y, sin embargo, el episodio existe. Puede parecer una obviedad, pero no lo es.
Esta reflexión nació esta misma mañana. Hablaba con Agustín sobre uno de los próximos episodios del podcast que tendremos que volver a grabar por un problema técnico. Mientras comentábamos el asunto, me recordó una frase de Fernando Miralles que había leído recientemente en una de sus newsletters: «Más vale hecho que perfecto».
Y me di cuenta de que esa frase encajaba perfectamente con lo que estamos viviendo al poner en marcha este podcast.
Porque cualquiera que haya iniciado un proyecto sabe lo fácil que es caer en la trampa del perfeccionismo. Pensar que antes de empezar necesitamos una cámara mejor. Un decorado más bonito. Un logotipo más trabajado. Una web más completa. Unos conocimientos más avanzados.
Y mientras seguimos preparando todo para que quede perfecto, pasan los días, las semanas y los meses. Hasta que un día nos damos cuenta de que seguimos exactamente en el mismo punto: sin haber empezado.
Nosotros decidimos hacer justo lo contrario. Grabar con lo que teníamos. Sentarnos delante de los micrófonos. Pulsar el botón de grabar. Publicar. Y aprender por el camino.
Si observamos ese episodio con detalle, veremos muchos defectos. Algunos planos no son los mejores. Hay encuadres mejorables. El enfoque no es perfecto. La iluminación podría estar más trabajada. Incluso yo misma me siento más rígida delante de las cámaras de lo que me gustaría.
Pero precisamente ahí está la gracia. Si hubiéramos esperado a tener el estudio perfecto, las cámaras perfectas, los micrófonos perfectos y la experiencia perfecta delante de una cámara, probablemente todavía estaríamos planificando el podcast en lugar de grabándolo.
Ninguno de esos defectos nos impidió empezar. Y ahora tenemos algo mucho más valioso que un proyecto perfecto sobre el papel: tenemos un proyecto real que podemos mejorar episodio tras episodio.
Seguramente dentro de un año veremos ese episodio fallido y encontraremos decenas de cosas que haríamos de otra manera. Y eso será una buena noticia, porque significará que hemos seguido avanzando.
Porque la mejora solo llega cuando existe algo que mejorar.
Y esta idea no sirve únicamente para un podcast. También ocurre constantemente en la profesión de detective privado.
La formación es importante. Muy importante. De hecho, en una profesión como la nuestra nunca se deja de aprender. La tecnología cambia, aparecen nuevas herramientas, nuevas formas de investigar y nuevos ámbitos de especialización. Sin embargo, llega un momento en el que hay que dar el paso.
A lo largo de los años he conocido a personas que encadenan curso tras curso porque sienten que todavía les falta algo para empezar. Que necesitan un poco más de formación. Un poco más de experiencia. Un poco más de seguridad. Y, mientras tanto, pasan los meses e incluso los años.
La realidad es que hay conocimientos que ningún curso puede enseñarte. Ningún curso puede prepararte para la primera vez que tengas que improvisar una cobertura. Para la primera vigilancia que no sale como habías previsto. Para el momento en que el investigado hace algo completamente inesperado y tienes que reaccionar en cuestión de segundos.
Esa parte de la profesión se aprende en la calle.
La formación proporciona herramientas. La experiencia enseña a utilizarlas. Y la única forma de adquirir experiencia es haciendo. Trabajando. Equivocándose. Corrigiendo errores. Volviendo a intentarlo. Aprendiendo de cada servicio.
Porque, igual que ningún curso puede sustituir la experiencia real, tampoco la mejor planificación puede anticipar todo lo que ocurrirá durante una investigación. Puedes dedicar horas a preparar una vigilancia, estudiar mapas, horarios y posibles recorridos. Todo eso ayuda. Pero cuando empieza el servicio aparecen los imprevistos.
Muchas veces las mejores decisiones se toman en cuestión de segundos. La mejor cobertura no siempre es la que estaba prevista. La mejor posición de observación no siempre es la que habíamos imaginado estudiando la zona desde el despacho. Y las mejores excusas suelen surgir improvisadas, delante de una puerta, cuando no hay tiempo para consultar ningún manual.
Cualquier detective con experiencia recordará situaciones en las que tuvo que reaccionar sobre la marcha. Y, curiosamente, muchas de esas improvisaciones terminan funcionando mejor que los planes que habíamos preparado durante horas.
Por eso, igual que decidimos lanzar el podcast sin esperar a que todo fuera perfecto, creo que en esta profesión también llega un momento en el que hay que dejar de prepararse para empezar a ejercer.
Porque la verdadera escuela del detective no está únicamente en las aulas, los libros o los cursos. La verdadera escuela está en la calle.
Por eso, tanto en un podcast como en una investigación, seguimos creyendo en una idea muy sencilla: más vale hecho que perfecto.
Porque lo perfecto suele quedarse en la cabeza. Lo hecho es lo que te permite avanzar.
Y si algún día miramos atrás y vemos todos los errores de aquel episodio 0, significará que hemos conseguido exactamente lo que buscábamos: seguir mejorando.




