Durante este mes de agosto, en el club de lectura «Entre libros y vinos» hemos estado leyendo El canto del cuco, de Robert Galbraith. Y hoy, 4 de septiembre, toca sentarnos a hablar de él.
Para mí, en realidad, es una relectura. Ya había leído la novela hace años, cuando se publicó en España, pero esta segunda vez la estoy leyendo de otra manera. Tal vez porque ahora conozco mucho mejor a sus personajes y porque sé en qué se convertirá la agencia de Cormoran Strike. Además, esta vez me estoy fijando más en esos pequeños detalles relacionados con la profesión que probablemente ni me fijé en la primera lectura.
Pero hablar de El canto del cuco obliga también a contar una historia bastante curiosa: la de cómo se descubrió que aquel desconocido Robert Galbraith era, en realidad, J. K. Rowling.
Y la historia tiene bastante de investigación.
Rowling, las vigilancias y un Sony Ericsson lila
J. K. Rowling es una de mis escritoras favoritas, junto con el gran Michael Connelly y Agatha Christie.
El primer libro de Harry Potter, Harry Potter y la piedra filosofal, cayó en mis manos a finales del año 2000, meses después de que yo aterrizara en la profesión de detective privado y antes de que se produjera el boom de las películas. Mi sobrina, que por aquel entonces tenía 10 años, insistió en que tenía que leerlo. Le hice caso y me cautivó desde el minuto uno.
En aquellos momentos solo estaban publicados los cuatro primeros libros de la saga, así que La piedra filosofal y los tres siguientes me acompañaron durante muchas horas de vigilancia. Porque hay vigilancias en las que apenas puedes apartar la mirada de la puerta, la ventana o el punto que estás controlando, pero hay otras en las que tienes cierto margen para leer.
Y hablamos de principios de los 2000.
No teníamos smartphones, redes sociales, pódcast ni audiolibros con los que matar las horas. Mi Sony Ericsson lila de aquella época tenía una tecnología sumamente básica: una pequeña pantalla monocromática en la que apenas cabía una línea de texto, números y algún icono. Nada que ver siquiera con el juego de la serpiente o aquellas imitaciones del Tetris que llegarían después. Así que los libros eran mi principal entretenimiento durante esas vigilancias que permitían apartar durante unos minutos la vista del objetivo.
También recuerdo perfectamente el 21 de julio de 2007, día en que se publicó en inglés Harry Potter and the Deathly Hallows, el último libro de la saga. Yo estaba haciendo una vigilancia en Benidorm. Y entre espera y espera ya andaba impaciente buscando por Internet algún blog donde empezaran a aparecer las primeras traducciones no oficiales al español.
Desde entonces he seguido prácticamente todo lo que ha publicado Rowling, aunque no tuviera absolutamente nada que ver con Harry Potter.
Aparece un tal Robert Galbraith
En abril de 2013 se publicó en Reino Unido The Cuckoo’s Calling. Su autor era, aparentemente, un escritor debutante llamado Robert Galbraith.
La biografía editorial lo presentaba como un antiguo miembro de la Royal Military Police que había trabajado posteriormente en el sector de la seguridad civil. Su primera novela estaba protagonizada precisamente por un investigador privado: Cormoran Strike, veterano de guerra convertido en detective, y Robin Ellacott, la secretaria temporal que llega a su destartalada agencia londinense y termina convirtiéndose en una pieza fundamental de ella.
El libro recibió buenas críticas, pero comercialmente pasó bastante desapercibido. Antes de conocerse quién estaba realmente detrás de Galbraith había vendido alrededor de 1.500 ejemplares en tapa dura.
Hasta que alguien habló más de la cuenta.
La verdadera identidad de Galbraith era un secreto que conocía muy poca gente. Entre esas personas estaba el bufete de abogados de Rowling, Russells Solicitors. Uno de sus socios, Chris Gossage, reveló durante una conversación privada a Judith Callegari, amiga de su mujer, que Robert Galbraith era en realidad J. K. Rowling. Y aquella confidencia terminó llegando a Twitter.
Callegari reveló la identidad de Galbraith durante un intercambio en la red social con una periodista de The Sunday Times. Después, la cuenta desde la que había salido la información desapareció.
Demasiado tarde. The Sunday Times ya tenía una pista. Y aquí empieza la parte más interesante de esta historia.
¿Y si realmente fuera Rowling?
The Sunday Times podía haber publicado directamente la exclusiva. Pero antes decidió intentar comprobar si aquella afirmación tenía algún fundamento.
Había cosas que llamaban la atención. Galbraith y Rowling compartían agente y editor. Además, para tratarse de la primera novela de un escritor completamente desconocido, el manuscrito había logrado unas críticas fenomenales y ya se hablaba de Galbraith como de un nuevo gran talento literario, pese a ser un autor principiante con un escaso perfil literario. Esto podía resultar sospechoso, pero, por sí solo, no constituía ninguna prueba de que Rowling estuviera detrás de aquel nombre.
Así que el periódico recurrió, entre otros especialistas, a Patrick Juola, profesor de informática de la Universidad Duquesne y experto en atribución de autoría. La pregunta era sencilla: ¿Podía determinarse, analizando únicamente cómo estaba escrito El canto del cuco, si su autor podía ser J. K. Rowling?
Y para intentar responderla utilizaron la estilometría.
Nuestra forma de escribir también deja huellas, también nos delata. De eso, precisamente, se ocupa la estilometría.
Cuando escribimos tomamos continuamente pequeñas decisiones lingüísticas. Elegimos unas palabras y no otras. Construimos las frases de determinada manera. Repetimos determinadas estructuras. Utilizamos unas combinaciones de palabras con mayor frecuencia que otras. Y muchas de esas decisiones las tomamos sin darnos cuenta.
Podemos cambiar el tema, los personajes, el género literario e incluso intentar escribir de otra manera, pero seguimos dejando pequeños patrones. Algo parecido a una huella lingüística.
Juola recibió The Cuckoo’s Calling y varias obras con las que compararlo. Entre ellas estaba The Casual Vacancy (Una vacante imprevista), la novela para adultos que Rowling había publicado con su verdadero nombre, además de novelas policiacas de Ruth Rendell, P. D. James y Val McDermid.
El análisis examinó, entre otras cosas, la longitud de las palabras utilizadas por cada autora y la frecuencia de las cien palabras más comunes. Pero hubo pruebas todavía más curiosas.
Una de ellas estudiaba grupos de cuatro caracteres consecutivos. Sí, cuatro caracteres. El análisis llegaba hasta ese nivel de detalle. Una secuencia podía encontrarse dentro de una palabra o incluso atravesar el espacio existente entre dos palabras. Otra de las pruebas analizaba parejas de palabras que aparecían consecutivamente.
Evidentemente, que dos escritores coincidan en uno de estos patrones no demuestra absolutamente nada. Pero cuando empiezas a analizar miles y miles de ellos y las coincidencias se acumulan, la cosa cambia.
Y aquí es donde la historia empieza a ponerse realmente interesante: Rowling fue la única autora que apareció de manera consistente como primera o segunda candidata en todos los métodos utilizados por Juola.
Evidentemente, el ordenador no escupió una pantalla diciendo: «Robert Galbraith es J. K. Rowling». La cosa no funciona así.
Lo que sí podía decir era algo mucho más prudente y, desde el punto de vista de una investigación, bastante más interesante: de todos los autores analizados, el patrón lingüístico de El canto del cuco era sistemáticamente compatible con el de J. K. Rowling.
La pista de Twitter acababa de ganar mucho peso.
De la sospecha a la confirmación
El análisis estilométrico no fue la única comprobación realizada por The Sunday Times. El periódico recurrió también al profesor Peter Millican, de la Universidad de Oxford, que realizó otro análisis independiente.
Con los indicios acumulándose en la misma dirección, el periódico contactó con la editorial. Y entonces llegó la confirmación: Robert Galbraith era J. K. Rowling.
Tiempo después se conocería además el origen exacto de aquella primera filtración. El propio bufete Russells reconoció públicamente que Chris Gossage había revelado la información a Judith Callegari. El asunto terminó incluso con actuaciones judiciales y una sanción disciplinaria a Gossage por vulnerar su deber de guardar la confidencialidad.
Lo curioso es que aquella revelación cambió por completo el destino comercial de la novela. De ser el discreto debut de un desconocido Robert Galbraith pasó a convertirse en el nuevo libro de J. K. Rowling y las ventas se dispararon.
Y yo, por supuesto, fui a comprarlo
Recuerdo perfectamente dónde estaba cuando me enteré. Era verano y estábamos comiendo en Don Carlos, un restaurante de Ciudad Quesada. Mi cuñado estaba leyendo la prensa y, sabiendo lo friki que soy con Harry Potter, en un momento dado levantó la vista y me leyó en voz alta el titular de una noticia: Robert Galbraith, aquel escritor prácticamente desconocido, era en realidad J. K. Rowling.
Poco después, mientras miraba Facebook (sí, Facebook, que estaba muy de moda por aquel entonces), me apareció la misma noticia en una página de Harry Potter que seguía. No recuerdo qué modelo de teléfono tenía (creo que un Nexus), pero sí que era un teléfono con Internet. Habíamos progresado bastante desde mi Sony Ericsson lila.
¿Y qué hice? Pues lo previsible…
Esperar a que El canto del cuco llegara a España. En noviembre, cuando por fin se publicó, me faltó tiempo para comprarlo. Era la primera novela de Cormoran Strike y, por aquel entonces, la única publicada de la serie. Y allí conocí a Strike y a la que entonces era su secretaria, Robin Ellacott.
No voy a convertir este artículo en una reseña de la novela porque eso dará para otro artículo. Tampoco voy a explicar por qué Rowling volvió a hacer su magia conmigo y consiguió que terminara enganchada a otros de sus personajes. Pero sí hay algo que me gusta especialmente de esta saga. Soy aficionada a la novela negra, de misterio y policiaca y, curiosamente, no resulta tan fácil encontrar literatura contemporánea protagonizada por detectives privados de verdad. Ni policías, ni periodistas, ni escritores, ni personas corrientes que, por una serie de circunstancias, terminan metidas en un asesinato y resolviendo el crimen antes que la policía. Hablo de detectives privados. Pero esa parte de la historia la dejaremos para otro artículo.
Lo que me interesa hoy de El canto del cuco no es tanto Cormoran Strike como el pequeño misterio que existió fuera de sus páginas: descubrir quién lo había escrito realmente. Y quizá por dedicarme a investigar, lo que más me gusta de toda esta historia es precisamente el proceso.
Todo empezó con una información que alguien dejó escapar en Twitter. Podía ser cierto o no, pero en lugar de quedarse únicamente con el rumor, The Sunday Times buscó elementos que permitieran contrastarlo. Y uno de ellos estaba delante de todos desde el principio: el propio libro.
Quizá por eso, mientras vuelvo a leer El canto del cuco tantos años después, me resulta imposible no pensar en la ironía de toda esta historia.
J. K. Rowling creó un seudónimo para publicar sin el peso de su propio nombre y comprobar cómo sería recibida su novela sin que nadie supiera quién estaba detrás. Cambió de nombre, inventó una identidad y construyó una biografía para Robert Galbraith.
Pero había algo mucho más difícil de ocultar: su manera de escribir.
Y al final fueron sus propias palabras las que ayudaron a descubrirla.
Fuentes y referencias
- El Mundo, «J.K. Rowling escribe en secreto una novela negra con nombre falso», 14 de julio de 2013. Noticia publicada en España tras conocerse que Robert Galbraith, autor de The Cuckoo’s Calling, era en realidad J. K. Rowling. Artículo en El Mundo
- El País, «JK Rowling desvela que escribió con seudónimo una novela policiaca», 14 de julio de 2013. Información sobre el descubrimiento de la identidad de Robert Galbraith, la publicación de la novela bajo seudónimo y la intervención de especialistas en análisis lingüístico para contrastar la posible autoría de Rowling. Artículo en El País
- J. K. Rowling, web oficial. Información de la propia autora sobre Robert Galbraith, los motivos que la llevaron a publicar bajo seudónimo y la serie protagonizada por Cormoran Strike. Rowling explica que quería que los libros fueran juzgados por sus propios méritos y escribir sin las expectativas asociadas a su nombre. Web oficial de J. K. Rowling
- Web oficial de Robert Galbraith. Información oficial sobre el seudónimo utilizado por J. K. Rowling, su decisión de publicar novela negra bajo otra identidad, The Cuckoo’s Calling y el origen y evolución de la serie protagonizada por Cormoran Strike y Robin Ellacott. Web oficial de Robert Galbraith.
- Patrick Juola, «How a Computer Program Helped Show J.K. Rowling Write A Cuckoo’s Calling», Scientific American, 20 de agosto de 2013. Relato en primera persona de uno de los especialistas consultados por The Sunday Times, en el que explica el análisis estilométrico realizado y las características lingüísticas utilizadas para comparar la novela con obras de Rowling y otros autores. Artículo de Patrick Juola en Scientific American.
- University of Oxford, Department of Computer Science, InSpired Research, invierno de 2013. Explicación del análisis independiente realizado por Peter Millican mediante su programa Signature, basado en elementos como la longitud de palabras, frases y párrafos, la puntuación y los patrones de uso de determinadas palabras y expresiones. Documento de la Universidad de Oxford




