Estaba en una ciudad que no era la mía y mi vuelo se retrasaba; ¡un fallo en el motor!, nos dijeron.
Después de una hora más en tierra, subimos al mismo avión, ¡sí, el mismo avión! y a algunos se les veía el miedo en la cara.
Al fin llegué a la isla y me reuní con ellos. Nosotras, unas novatas que ni siquiera habíamos salido aún del cascarón y él, un detective experimentado que nos prometía grandes enseñanzas. Era nuestro primer caso y ¡estábamos emocionadas!
Recuerdo con cariño ese viaje. Fue surrealista, ¡una aventura de locos!
Tuvimos un poco de todo, barcos, charlas, cizallas, luces apagadas y también como Estopa, ¡“un piñazo con un Seat Panda”! ¡Sí, sí, en serio, tuvimos un accidente de coche, solo que en lugar de un Seat Panda era un Twingo alquilado! Nada grave, pero lo suficiente para que a ella le doliera el cuello durante una temporada.
Lo miraras por donde lo mirases, todo aquello era una locura de principio a fin; nos resistíamos a pensar que la investigación privada era lo que estábamos viendo y viviendo, tenía que ser una cosa distinta de lo que él nos contaba, de lo que él nos estaba mostrando.
Aprendimos mucho, ¡eso sí!, enseguida tuvimos claro lo que NO había que hacer, lo que NO había que decir, lo que NO podía ser. No queríamos parecernos a él.
¡No queríamos trabajar como él! No queríamos hacer lo que hacía él.
Era todo tan absurdo, que cuando no nos daba miedo, nos daba risa. Lo pasamos mal a ratos, pero nos divertimos y nos reímos mucho, sobre todo cuando nos metimos en un tremendo atolladero telefónico del que con un poco de ayuda exterior y otro poco de imaginación, salimos más que airosas. En ese viaje empezaron nuestras primeras actuaciones actorales estelares en la profesión que tanto hemos ido desarrollando a lo largo de los años.
El resultado global fue positivo, trabajamos y aprendimos disfrutando de la noche y del día de aquel puerto de mar, de sus atardeceres con música, de sus barcos de lujo y de sus chiringuitos a pie de playa.
Fue un viaje que sin duda alguna repetiría y que también, sin duda alguna, volvería a hacer con ella.
¡Fue un viaje genial, con una mujer-amiga-detective genial!
Dedicado a Lucía, esa mujer a la que tanto quiero y de la que tanto aprendo




