Pues sí, ahí estaba la idea rondándome la cabeza desde hacía tiempo, ocupando cada vez más espacio y “echando cuerpo”.
Dos o tres intervenciones en radio, por cuestiones que no vienen al caso, ayudaron a empujar, un poco más hacia dentro, esa semilla que pretendía echar raíces y desarrollar su potencial.
La semilla
Luego llegó una participación en un podcast.
Ahí sí, para hablar de eso que cada uno llama “lo mío”. Como si “lo nuestro” fuera solo eso que dominamos o en lo que trabajamos, y dejáramos fuera todas esas otras cosas que también son “lo mío”, y que nos conforman como personas.
Una charla por aquí, un compartir inquietudes por allá.
Con personas a las que conoces más y con otras a las que apenas conoces.
Y, sin saber muy bien por qué, generas vínculos emocionales positivos casi al instante.
Y esa semilla…
se siente cada vez más cómoda en ese lecho terroso en el que reposa, tranquila y preñada de ilusión.
Los “¿y si…?”
¿Y si…?
El tiempo pasa despacio para la semilla y muy rápido para quien la plantó, que centró su atención en otras cosas.
Los “¿y si…?” se suceden con una voz sorda, apenas perceptible entre el ruido del día a día.
¡Venga, vamos!
Ha llegado el momento de prestarle atención.
Otras semillas, que estaban perdidas entre la maleza de lo cotidiano, se suman al parterre, con el propósito de alimentarse unas a otras y florecer.
Y en eso estamos.
En parir un podcast que pretende ser divertido, espontáneo, profesional, humano… y, sobre todo, honesto.




